El  Futuro de la Compañía de San Pablo

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¿Cuál es el futuro de la Compañía de San Pablo? Ayer durante la Fiesta de la Conversión del Apóstol en la pequeña capilla de Vía Boeri, 3 en la Opera Card. Ferrari, pensaba en esta pregunta. Una comunidad pequeña guiada por esa luz que encegueció a Pablo de Tarso en el camino de Damasco, pero que también lo abrió a seguir la luz de la Providencia de Dios.

El futuro de la Compañía es la vida eucarística. Jesús está con nosotros, cada día, siempre disponible. ¡Está vivo!, ¡ha resucitado! en el corazón de la Eucaristía. Resurrección y Eucaristía serán el primer signo de nuestra espiritualidad.

La presencia de María en la espiritualidad de la Compañía es otro motivo de fuerza. Donde está María hay siempre ternura que ayuda a la fragilidad y otorga fortaleza. María nos arrastra hacia la brisa del Espíritu Santo.

La única riqueza que posee la CSP es la Providencia. Se trata de esa Luz de Dios que nos acompaña y nos acompañó en todos estos años de dificultad. La Providencia es una gran riqueza porque, sobre todo en ella, es Dios que conduce y orienta a la comunidad.

Hay un movimiento nuevo en este momento en la Compañía de San Pablo. Lo notamos en Chile, en Argentina, en los Estados Unidos. Hay signos de catolicidad y de universalidad. Se nos presenta también el desafío de usar las nuevas tecnologías para evangelizar. “La atención y la presencia de la Iglesia en el mundo de la comunicación, para dialogar con los hombres y llevarles al encuentro con Cristo” (discurso de Papa Francisco a los Obispos del Perú). Introducirse en el diálogo con los hombres y mujeres de hoy, para comprender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas.

El futuro de la Compañía se halla en la tensión universal del Apóstol, en vivir plenamente la dimensión católica de la Iglesia. También pasa por el uso de las modernas tecnologías con el propósito de crear una pequeña comunidad esparcida por el planeta. La dimensión internacional y la comunicación serán para nosotros una prioridad.

Comprender que la Compañía es el “resto fiel”, un resto que está superando una prueba en medio de una gran tribulación. Sentirse “resto” en las manos de Dios, sentir el viento del Espíritu que guía, que indica y comprende, es otro perno de la espiritualidad paulina.

Existe también en la Compañía el signo de querer volver a la Galilea de los orígenes, de regresar a la sobriedad y al silencio de Nazaret, de subir a la cima del Tabor para ver la luz de la Transfiguración, de retomar aquella pasión y aquel entusiasmo de los pescadores del Lago de Tiberíades.

Por el momento, tenemos que abandonar a los pesimistas, a aquellos que no eligen nunca, a los resignados que no esperan nada. Ellos no le hacen bien a la Compañía. No le sirven a la Compañía. No tenemos que tener miedo de alejarlos y orientarlos hacia otros escenarios quizás más ruidosos, más poblados y menos austeros.

El futuro de la Compañía pasa por la internacionalidad, por una conciencia de “resto fiel” y por una vida sobria y discreta que, observando los signos de los tiempos, sepa elegir. Hay que tener el coraje de navegar mar adentro, Jesús está con nosotros, tenemos a María y al viento suave y delicioso de la Providencia.

La Galilea de los orígenes es el Evangelio, es la biografía del gran Cardenal Ferrari, es el carisma de Don Giovanni Rossi, es -sobre todo- la fuerza, la pasión y el espíritu universal del “corazón convertido” de San Pablo.

 

(25 de enero del 2018, Fiesta de la Conversión de San Pablo)